A seis mil pies de altura el sol es más fuerte, y hay mucho. La luz ultravioleta desgasta la pintura y el siding barato más rápido que al nivel del mar; por eso las paredes que dan al sur y al oeste se decoloran, se calean y se agrietan primero. Luego vienen las tormentas: el Front Range está en uno de los corredores de granizo más activos del país, y una sola tarde de verano puede picar, rajar o perforar un siding débil.
Los cambios de temperatura hacen el resto. Aire seco, una tarde cálida y una helada fuerte por la mañana hacen que los materiales se expandan y se contraigan sin parar. Cualquier abertura deja entrar agua de nieve, que se congela, agranda la abertura y empapa el sheathing de atrás. Y en las orillas de la ciudad, donde las casas colindan con terreno abierto, el riesgo de incendio es real; importa de qué está hecha la pared.
Un buen siding, instalado sobre una barrera contra el clima adecuada, con el flashing y las separaciones correctas, es lo que deja todo eso afuera. El trim y la fascia son parte de esa misma pared: cierran las orillas, sacan el agua de las esquinas y del borde del techo, y casi siempre son donde empieza la pudrición. Por eso los cambiamos juntos.